El periodismo y la cultura de la provincia de Jujuy están de luto. En las últimas horas se conoció el fallecimiento de Ricardo "Richard" Martínez, una figura fundamental de la comunicación, el periodismo, la docencia y la intelectualidad jujeña, cuya huella indeleble permanecerá en las redacciones y la memoria colectiva de la región.
Intelectual, humanista, docente de Filosofía, y protagonista de memorables tertulias, Martínez se destacó por una memoria prodigiosa con la que solía repasar y reconstruir los pasajes más minuciosos de la historia local, política, cultural, y otra característica de su personalidad era el buen humor.
Su camino en el oficio comenzó en las páginas del diario Pregón. Con el tiempo, su rigor analítico y su capacidad lo llevaron a desempeñarse como periodista y luego el jefe de redacción de El Tribuno de Jujuy, también paralelamente fue corresponsal de la agencia de noticias TÉLAM en la provincia.
Más allá de su labor periodística, Ricardo acompaño a los organismos de Derechos Humanos, además fue un pilar en la formación de nuevas generaciones de profesionales. Fue uno de los fundadores de la escuela de periodismo deportivo Deportea en la provincia, guió e inspiró a decenas de colegas que hoy ejercen la profesión en diversos medios. “La Escuela” como él decía a Deportea, defendió hasta hace unos años para que no cierre.
Su concepción del oficio quedará sintetizada en una premisa que solía repetir en entrevistas y charlas:"El periodista se preocupa por la comunidad asumiendo que es un servicio."
Pasión por la cultura y compromiso jujeño
Quienes compartieron espacios y proyectos con él lo recuerdan como un gran periodista, crítico, amigo, sumamente generoso con su tiempo y su sabiduría. Gran lector y apasionado del arte, el cine y el deporte, disfrutaba especialmente del debate político agudo y constructivo.
Entre sus aportes literarios se destaca la autoría del libro “Cantos de Miraflores”, además de su constante acompañamiento a artistas locales y su participación activa en charlas y conferencias sobre la historia y cultura jujeña.
En textos y reflexiones como "La cuna fue un bar", en referencia a una esquina histórica hoy demolida. En esa nota plasmó esa sensibilidad única para narrar los espacios de encuentro que moldearon la identidad de su tierra.
Ricardo en esa nota transporta con nostalgia a una de las esquinas más emblemáticas de San Salvador de Jujuy, allí, en el histórico bar , nacieron mucho más que simples crónicas políticas; se gestó el latido intelectual y humano del periodismo jujeño al calor del reencuentro democrático de 1983.
"Cesaban la labor con la herramienta de anotadores y lápiz, pero comenzaba el encanto de la tertulia", describió.
El refugio de las ideas, aquel bar fue testigo de debates apasionados, oratorias memorables y cruces ideológicos entre legisladores, ministros y cronistas que sabían hacer de la política un ejercicio de altura intelectual.
El culto al periodismo real, entre café, mesas sencillas y risas compartidas, los jóvenes cronistas de entonces consolidaron un código sagrado: escribir bien, hablar mejor y hacer de la tertulia un culto de aprendizaje continuo.
El dolor de la pérdida y el paso del tiempo: Con profunda sensibilidad, Martínez despide no solo a un espacio físico amenazado por la demolición, sino a una época dorada de compañerismo, bohemia y vocación de servicio que ya forma parte entrañable del alma jujeña.
